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Exijo una rectificación

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  Exijo una rectificación La veo venir por el salón principal del hotel La Fontana en Bogotá y empiezo a tararear en mi cabeza la canción Pretty Woman, que inmortalizó, por allá en 1964 Roy Orbison. Ella no camina, hace una pasarela natural y espectacular, el verde de sus ojos me ve a unos cuantos metros, me regala esa sonrisa que enamora a millones, enmarcada en su rostro angelical y el dorado de su pelo. Es Ana Sofía Henao.   - Hola Elkin que bueno verte, ¿cómo estás, que andas haciendo por acá?   Me habla con ese dulce y encantador acento paisa que seduce a propios y extraños.   - Bien Ana Sofí, estaba en un evento de Leonisa. ¿Pero tu cómo estás? Ven te invito un café y adelantamos el cuaderno, hace tiempo no charlamos.   Ella acepta, mientras me sigue regalando su sonrisa franca, caminamos por el hotel y me doy cuenta que todos nos miran, bueno, la miran a ella.   Pide un Capuchino con torta de Amapola y yo un café expreso, mientras...

El Catalina

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  El Catalina - Me daban ganas de llorar mirar ese avión… ahí tirado, las llantas pinchadas, el casco enterrado, el tren de nariz partido; y lo más triste, los soldados lo tenían de orinal.   Así recuerda Héctor Julio Parra el día que vio por primera vez El Catalina, tirado y abandonado, en un lejano paraje donde casi terminaba el CAMAN, Comando Aéreo de Mantenimiento, de la Fuerza Aérea Colombiana en Madrid Cundinamarca.   Héctor es uno de esos hombres virtuosos que se formaron durante la mejor época de la aviación llanera. Sus amigos le dicen “Parrita” de cariño, debido a su figura bajita, rellena y ese corazón de oro que no le cabe en el pecho. Como si no bastaran esas virtudes, es considerado el mejor mecánico de DC–3 que ha pisado el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio.   En medio de sus breves, pero contagiosas risotadas, me contó que se demoró 1.460 días, cuatro años exactamente, reparando y alistando el avión que se había convertido en el sueño...

La entrega que no se dio

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  La entrega que no se dio Nuestro día ya terminaba, habíamos acabado el turno de trabajo después de grabar a unos skaters, esos muchachos que hacen infinidad de piruetas y desafían brevemente a la gravedad en sus patinetas, que eran la sensación en el barrio La Perseverancia de Bogotá. Extenuados y sudados como caballos corridos, estábamos guardando la cámara y cargando las baterías cuando entró Óscar Ritoré, jefe de redacción del noticiero, con cara de tragedia.   - Necesito una cámara ya.   - Solo estamos nosotros, pero ya nos vamos porque estamos trabajando desde la 6:00 a.m. Dijo el cámara Germán Palma.   - No me importa, se van ya para Cali. Allá los está esperando Diego Hernán Canal.   - Bueno, pero ¿qué vamos a hacer? Preguntó nuevamente Germán.   - En Cali les dice Diego.   Como vivía cerca le dije a Óscar que iba hasta mi casa a sacar algo de ropa. La respuesta fue a su mejor estilo, agrio y seco.   - ¿Y para que ropa? Mañana se devuelve...

Iguarán… Una foto

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  Iguarán… Una foto Ha pasado más de la mitad de su vida en medio de monitores, consolas y computadores. No diferencia términos como fuera de lugar, carrileros o rabona, ni frecuenta el estadio, pero le encanta el fútbol. Como aficionado a este deporte que mueve millones de almas, es el mejor editor de televisión que he conocido. Es Mister H.   Este mote nació en Cartagena en pleno Concurso Nacional de la Belleza. Era urgente grabar con Jaime Garzón las presentaciones del noticiero en la piscina del Hotel Hilton, pero los permisos estaban cancelados. La nunca cuerda Adriana Villamarin, quien era la encargada de conseguir esa autorización, rompió en llanto cual protagonista de novela mexicana.   - Por favor, ustedes no conocen el temperamento de Mister H, (Lo decía pronunciando la H en inglés, eich). Si llega y no tenemos todo listo para grabar rodarán cabezas.   El gerente del hotel no sabía qué hacer ante semejante dilema, comprendía que un mal comentari...